La obsesión por Jack el Destripador
Más de un siglo después de los asesinatos de Whitechapel, Jack el Destripador sigue siendo uno de los nombres más famosos de la historia. Pero ¿cómo un caso local se convirtió en un fenómeno mundial?
Tours • 11 min. de lectura
Advertencia de contenido: Este artículo trata sobre los asesinatos de Whitechapel de 1888. Aunque no incluye descripciones gráficas, menciona temas como la violencia, la pobreza, el alcoholismo y la dura realidad que vivían muchas mujeres en el Londres victoriano.
¿Por qué seguimos obsesionados con Jack el Destripador?
Como gran novedad para 2026, en nuestro tour The Jack the Ripper Obsession: A Social History of London’s East End descubriremos no solo los asesinatos de 1888, sino cómo estos crímenes se convirtieron en uno de los fenómenos culturales más duraderos del mundo moderno.
Los crímenes atribuidos a Jack el Destripador ocurrieron en apenas diez semanas, entre el 31 de agosto y el 9 de noviembre de 1888. Sin embargo, casi 140 años después, su nombre sigue siendo mundialmente conocido. Libros, películas, pódcast, documentales y tours siguen analizando el caso, mientras historiadores, periodistas, forenses y detectives aficionados aún debaten quién fue el asesino.
Pero quizá la pregunta más interesante no sea quién fue Jack el Destripador. La verdadera cuestión es por qué seguimos hablando de él.
Los asesinatos olvidados de Ratcliffe Highway
En diciembre de 1811, dos familias de Ratcliffe Highway (hoy parte de The Highway, en Wapping) fueron brutalmente atacadas. Siete personas fueron asesinadas, incluyendo hombres, mujeres y niños. La masacre horrorizó a Londres. Un sospechoso, John Williams, fue arrestado, pero murió antes del juicio. En su momento, estos asesinatos fueron los crímenes más sonados de la historia británica.
Hoy en día, muy poca gente ha oído hablar de ellos. En cambio, casi todo el mundo conoce a Jack el Destripador - incluso quienes nunca han pisado Londres.
Esta diferencia no se explica por la magnitud de los crímenes. Los asesinatos de Ratcliffe Highway dejaron más víctimas que las cinco mujeres atribuidas a Jack el Destripador, y la sociedad de la época consideró ambos casos igual de impactantes y sin precedentes.
Parte de la respuesta está en los cambios que vivió Gran Bretaña en el siglo XIX. Entre 1811 y 1888, la alfabetización se disparó, los periódicos se volvieron más baratos y accesibles, y la población urbana creció. Para 1888, Londres contaba con unos quince diarios que competían ferozmente por los lectores. La crónica negra ya no se limitaba a los registros judiciales y panfletos: se había convertido en un entretenimiento de masas.
Los asesinatos de Whitechapel ocurrieron justo cuando nacían los medios de comunicación modernos.
Mirando al este: la pobreza como espectáculo
Además, los crímenes ocurrieron en una zona de Londres que ya fascinaba a muchos victorianos.
En 1888, Londres era la ciudad más rica del mundo. Como capital de un imperio global, acumulaba fortunas extraordinarias, pero muy mal repartidas. Mientras el West End disfrutaba de grandes inversiones y planificación urbana, el East End crecía de forma rápida y caótica. Pronto, esta zona se hizo famosa por la pobreza, el hacinamiento y el vicio.
El East End también era mucho más diverso de lo que imaginamos hoy. Tejedores de seda hugonotes, trabajadores irlandeses y refugiados judíos dejaron su huella en sus calles. Solo entre 1881 y 1914, la población judía de Londres creció en unas 100.000 personas, y muchos se instalaron en Whitechapel y Spitalfields.
La población del distrito estaba siempre de paso. Whitechapel contaba con unas 231 pensiones que alojaban a más de 8.300 personas. Muchos vivían al día y pagaban su cama noche a noche. Solo en Flower and Dean Street, una pensión podía albergar a 100 personas. Estas duras condiciones llamaron la atención de periodistas, reformadores sociales y curiosos de los barrios ricos de Londres.
Así se puso de moda el "slumming", o turismo de barrios bajos. La gente iba al East End para ver cómo se vivía allí con sus propios ojos. Algunos lo hacían por filantropía, pero otros iban por pura curiosidad o buscando entretenimiento. Los relatos de la época hablan de visitantes paseando por Whitechapel para observar los mercados y las pensiones. Incluso alquilaban habitaciones con vistas a las calles más concurridas solo para ver el día a día del barrio.
Mucho antes de los asesinatos, el East End ya era un espectáculo. Los crímenes de Whitechapel solo multiplicaron esta fascinación. Incluso mientras el asesino seguía suelto, la gente iba al barrio para ver los escenarios del crimen. Las editoriales no tardaron en publicar panfletos y libros, y se dice que hasta hubo una exposición con figuras de cera de las víctimas. Sin saberlo, estaban sentando las bases del turismo de crímenes reales.
Jack el Destripador eligió su propio nombre... ¿o no?
Uno de los detalles más curiosos del caso es que, probablemente, el asesino nunca se llamó a sí mismo Jack el Destripador.
Tras los asesinatos de Polly Nichols y Annie Chapman, el pánico se apoderó de la ciudad. Los periódicos competían ferozmente por conseguir exclusivas y detalles sensacionalistas. El 27 de septiembre de 1888, la Central News Agency recibió una carta. Este documento, hoy conocido como la carta "Dear Boss" (Querido jefe), terminaba con esta firma:
"Atentamente, Jack el Destripador".
Era la primera vez que se usaba este nombre. La policía publicó la carta con la esperanza de conseguir pistas. Poco después, apareció otro mensaje: la famosa postal de “Saucy Jacky”. El impacto fue enorme. Por primera vez, el asesino tenía una identidad fácil de recordar. Ya no era un criminal anónimo de Whitechapel, ahora era “Jack el Destripador”. Un nombre que pronto se haría famoso en Gran Bretaña y en el resto del mundo.
Hay motivos de peso para pensar que la carta fue un fraude. En 1931, los periodistas Frederick Best y Tom Bullen confesaron ser sus autores. Afirmaron que fue un truco publicitario para mantener la historia en los periódicos. Aunque esta confesión no lo aclara todo, la mayoría de los historiadores coinciden en algo: es muy poco probable que el asesino escribiera la carta “Dear Boss”.
Sin embargo, su importancia es innegable. Esta carta transformó una investigación policial en un fenómeno mediático. Le dio al público un villano, un nombre y toda una mitología.
Si la carta “Dear Boss” ayudó a crear la leyenda, otro mensaje la hizo aún más oscura. El 15 de octubre de 1888, George Lusk, presidente del Comité de Vigilancia de Whitechapel, recibió un paquete. Contenía medio riñón y una nota que empezaba así:
“From hell.” (Desde el infierno).
A diferencia de los mensajes anteriores, este no se envió a un periódico, sino que llegó directamente a una figura clave de la investigación. La carta era más corta, cruda y perturbadora que el teatral mensaje de “Dear Boss”. A día de hoy, su autor sigue siendo un misterio.
Algunos historiadores creen que fue otro fraude, mientras que otros sugieren que la escribió alguien con conocimientos de anatomía. Nunca se ha llegado a una conclusión definitiva, pero lo importante es que miles de personas creyeron que era real.
Llegados a este punto, los asesinatos ya eran mucho más que una investigación policial. Los periódicos seguían cada novedad y los rumores volaban. Los detectives aficionados proponían sus propias teorías y los vecinos organizaron patrullas a través del Comité de Vigilancia de Whitechapel. El miedo, las especulaciones y la atención mediática se alimentaban mutuamente en un ciclo muy similar al de cualquier caso criminal de la actualidad.
El nacimiento del true crime moderno
En el otoño de 1888 ocurrió algo inusual: los asesinatos dejaron de ser una simple investigación policial para convertirse en un drama público. Involucraban a periódicos, cartas anónimas, detectives aficionados y grupos de presión política. Miles de londinenses de a pie seguían las novedades casi en tiempo real.
Muchos de los elementos que hoy asociamos al fenómeno del "true crime" ya estaban presentes en este caso. Teníamos un asesino sin identificar, un bombardeo constante de rumores y teorías, y supuestas filtraciones exclusivas a la prensa. A esto se sumó una cobertura mediática sensacionalista y un público totalmente volcado en la investigación. Pero lo más importante es que el caso nunca llegó a resolverse.
Esta falta de respuestas es la clave para entender por qué el caso sigue vivo. Normalmente, los crímenes desaparecen de los titulares: se detiene a un culpable, se celebra un juicio y el interés del público se desvanece. Pero los asesinatos de Whitechapel nunca tuvieron ese cierre. Jamás se identificó al asesino, nadie fue condenado y el misterio, a día de hoy, sigue abierto.
El fenómeno del "true crime" actual es un claro reflejo de los crímenes de Whitechapel. Los mismos elementos que alimentaron a la prensa victoriana siguen fascinando al público de hoy. Lo vemos en bestsellers, podcasts y series documentales como The Staircase. Seguimos cautivados por los casos sin una conclusión clara, donde siempre queda la posibilidad de resolver el misterio.
La ripperología y la búsqueda de una solución
Hoy en día, el estudio de estos crímenes se conoce como "ripperología". Se han escrito miles de artículos y más de cien libros de no ficción sobre los posibles sospechosos. Además, el caso ha inspirado como mínimo veinticinco adaptaciones cinematográficas importantes desde la época del cine mudo.
La búsqueda de Jack el Destripador se ha convertido en una historia por derecho propio. En 2002, la famosa novelista Patricia Cornwell publicó Retrato de un asesino: Jack el Destripador - Caso cerrado. En él, sostenía que el culpable de los crímenes era el artista Walter Sickert. Se dice que Cornwell invirtió millones de dólares en comprar sus obras de arte, encargar análisis forenses y buscar pruebas para su teoría. Sus conclusiones siguen siendo muy polémicas, pero este episodio ilustra hasta dónde es capaz de llegar la gente para descubrir la identidad del asesino.
Y la búsqueda no ha terminado. En 2019, titulares de todo el mundo anunciaron que unas pruebas de ADN habían identificado por fin al asesino. El ADN procedía de un controvertido chal y apuntaba a Aaron Kosminski, uno de los sospechosos habituales. Anuncios de este tipo han aparecido repetidamente durante el último siglo, pero ninguna teoría ha logrado el consenso de los expertos. De hecho, siguen existiendo serias dudas sobre la procedencia del chal y la interpretación del ADN. La persistencia de estas afirmaciones demuestra que las ganas del público por encontrar una solución siguen intactas.
Más allá del asesino
Sin embargo, en los últimos años, los historiadores han cambiado de enfoque. Han dejado de centrarse en los sospechosos para prestar atención a las propias mujeres.
El trabajo de autoras como Hallie Rubenhold ha ayudado a rescatar sus historias, eclipsadas durante mucho tiempo por las especulaciones sobre el asesino. Polly Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly no fueron solo víctimas. Eran hijas, esposas, madres, trabajadoras y migrantes. Sus vidas nos enseñan mucho sobre la pobreza, la vivienda y la sociedad de la Gran Bretaña victoriana.
Este nuevo enfoque también desmonta muchos mitos sobre el caso. Ninguna de las cinco víctimas principales nació en Whitechapel. Además, solo una de ellas -Mary Jane Kelly- ejercía la prostitución de forma confirmada. A pesar de ello, la cultura popular las ha reducido a estereotipos muy alejados de la realidad histórica.
¿Por qué todo el mundo conoce a "Jack el Destripador" y casi nadie recuerda a las mujeres que asesinó? La respuesta está en el atractivo del propio misterio, pero también en cómo se contaron, vendieron y recordaron estos crímenes. Durante más de un siglo, la atención del público se ha centrado casi en exclusiva en la identidad del asesino.
Hace poco, los historiadores empezaron a hacerse otras preguntas y queremos que nuestro tour sea parte de este cambio. No trataremos a estas mujeres como simples notas al pie en la historia de un asesino famoso, sino que pondremos sus vidas en el centro del relato. Más allá de repasar cómo murieron, hablaremos de sus familias, sus trabajos, sus barrios y el entorno social que las marcó.
En el fondo, la historia de Jack el Destripador va mucho más allá de un asesino anónimo. Es un relato sobre el Londres victoriano, el East End y la prensa moderna. Y, sobre todo, es la historia de cinco mujeres cuyas vidas quedaron eclipsadas durante generaciones por uno de los mayores misterios de la historia.
Nuestras ciudades
57Los mejores free tours a pie y visitas de pago
© 2025 Walkative. Todos los derechos reservados.