Con el apoyo deEU

The Icons of London: From Red Buses to Phone Boxes

From postboxes to double-deckers, discover the history behind London’s most iconic everyday sights.

history • culture • 7 min. de lectura

Londres está lleno de iconos. Son esos símbolos que reconoces al instante, aunque nunca hayas estado aquí. Autobuses rojos, taxis negros, cabinas y buzones. Como guías, nos preguntan por ellos constantemente. ¿Qué son? ¿Cuál es su origen? ¿Por qué tienen ese diseño? Hoy repasaremos la historia de estos elementos tan cotidianos.

Buzones rojos: una línea del tiempo de la monarquía

Es fácil pasar por alto los buzones de Londres. Son robustos, rojos y cumplen su función discretamente en las esquinas. Pero si te fijas bien, resultan ser mucho más interesantes.

Antes de que existieran, enviar una carta requería cierto esfuerzo. Tenías que llevarla a una oficina receptora o esperar a que pasara un cartero tocando una campana. La llegada de los buzones a las calles en la década de 1850 lo cambió todo. Enviar correo dejó de ser una misión para convertirse en algo cotidiano.

Su diseño icónico y familiar se estableció bastante rápido. Un pilar resistente, una ranura horizontal y una cubierta para la lluvia. Sin embargo, el color tardó más en definirse. Al principio, los buzones eran verdes, pero la gente no los veía bien. Por eso, en la década de 1870 se pintaron de rojo, y así se quedaron.

Pero lo más curioso es un detalle que casi todo el mundo ignora: el monograma real en la parte frontal. Cada buzón lleva las iniciales del monarca que reinaba cuando se instaló. Verás "VR" por la reina Victoria, "ER" por Isabel II y, cada vez más, la nueva marca de Carlos III. (Por cierto, la "R" significa *Rex* o *Regina*, rey o reina en latín).

Estos buzones convierten las calles en una auténtica línea del tiempo. Diferentes reinados conviven en la acera y siguen en pleno funcionamiento.

Te damos mil puntos imaginarios si logras encontrar el buzón más raro de todos: el de Eduardo VIII. Su reinado en 1936 fue tan breve que se fabricaron muy pocos. Además, casi no llegaron a instalarse en las calles.

Taxis negros: los mejores navegantes de Londres

Oficialmente se llaman *Hackney carriages*. Sin embargo, la historia de los taxis negros se remonta mucho más atrás de lo que imaginas. En la época de los Tudor, los carruajes tirados por caballos ya transportaban pasajeros por Londres. En el siglo XIX, había miles de ellos en las calles. La palabra inglesa *cab* proviene del cabriolé, un carruaje de origen francés más rápido y ligero. Sus diseños fueron evolucionando para mejorar el equilibrio entre velocidad, comodidad y practicidad.

El verdadero cambio llegó con el automóvil. En la década de 1890 aparecieron los primeros taxis eléctricos, pero duraron poco. A principios del siglo XX, los modelos de gasolina dominaron las calles. A mediados de siglo, los coches Austin ya eran habituales. En 1958 llegó el icónico modelo FX4. Durante décadas definió el aspecto de los taxis londinenses, y los vehículos actuales aún conservan esa forma. El nombre de "taxi negro" se popularizó después de la Segunda Guerra Mundial. Fue entonces cuando la mayoría se pintaron de ese color. Un detalle sencillo que se convirtió en su identidad definitiva.

Los taxistas londinenses conocen la ciudad a la perfección. Para conducir uno de estos vehículos, no basta con tener carné. Hay que aprenderse Londres. A este proceso se le conoce como *The Knowledge* (El Conocimiento). Requiere memorizar miles de calles, rutas, monumentos y atajos durante años de estudio. Es habitual ver a los aprendices en moto por la ciudad, practicando trayectos hasta dominar el mapa por completo. Deben saber cómo ir de un punto a otro de memoria, incluso en la era del GPS y las aplicaciones móviles.

Fíjate también en unas pequeñas casetas verdes repartidas por el centro de Londres. Estos refugios para taxistas se construyeron en el siglo XIX. Servían para que los conductores pudieran descansar y comer entre viaje y viaje. Hoy en día siguen en uso. Pasan bastante desapercibidos, pero son una parte fundamental del sistema. Otros quinientos puntos imaginarios si consigues ver una.

Cabinas telefónicas rojas: el icono más fotografiado de Londres

Los teléfonos públicos en Gran Bretaña existen desde finales del siglo XIX. Sin embargo, el modelo que conocemos hoy no llegó hasta la década de 1920. El arquitecto Giles Gilbert Scott diseñó la primera cabina telefónica estándar. Es el mismo creador de la catedral de Liverpool y la central eléctrica de Battersea. Su diseño, el K2 (la K es de quiosco), destaca por su techo abovedado y su estructura de hierro fundido. Al principio, Scott imaginó las cabinas de color plateado. Pero la Oficina General de Correos eligió el rojo para que llamaran la atención. Igual que ocurre con los buzones, la visibilidad era fundamental.

El diseño se fue perfeccionando con el tiempo. Destaca especialmente el modelo K6 de los años 30: más pequeño, económico y el que se popularizó por todo el país. Se instalaron decenas de miles de unidades. Así, la cabina telefónica se convirtió en un símbolo nacional. Al principio no a todos les gustaba el color, sobre todo en las zonas rurales. Pero no tardó en integrarse en el paisaje.

Paseando por Londres, quizá veas alguna cabina de policía azul. En el pasado, agentes y ciudadanos las usaban para llamadas de emergencia. Ya no quedan muchas, pero hay una réplica junto a la estación de Earl's Court. Es un pequeño guiño a la mítica máquina del tiempo TARDIS de la serie *Doctor Who*.

Hoy en día, casi ninguna de estas cabinas tiene un teléfono que funcione. Muchas se han transformado en minibibliotecas, puestos de café o espacios para guardar desfibriladores. Otras han sido sustituidas por unidades modernas con wifi y puntos de carga. En Westminster se encuentra el lugar para fotos más famoso de toda la ciudad: una cabina roja con el Big Ben de fondo. Si vienes a nuestro tour de bienvenida a Londres, pregúntale a tu guía para que te indique dónde está.

Autobuses de Londres: la historia del icónico autobús rojo de dos pisos

En 1829, un fabricante de carruajes llamado George Shillibeer lanzó un nuevo servicio entre Paddington y Bank. Lo llamó *omnibus*, que en latín significa "para todos". La idea era sencilla pero muy novedosa: no hacía falta reservar, simplemente te subías durante el trayecto. Con el tiempo, la palabra se acortó a *bus* (autobús) y se quedó para siempre.

El concepto tuvo un éxito inmediato. En pocos años, cientos de autobuses tirados por caballos transportaban a la gente por toda la ciudad. Parecían más bien carruajes que vehículos modernos. Tenían el exterior de madera pintado a mano y recorrían las calles a un ritmo pausado.

La verdadera transformación llegó con los autobuses a motor a principios del siglo XX. Cambiaron Londres y Londres los cambió a ellos. Las compañías diseñaron modelos específicos para las abarrotadas calles de la ciudad. Poco a poco, estandarizaron los diseños y mejoraron su fiabilidad. A mediados de siglo, ya eran una pieza clave en la movilidad de los londinenses.

Más tarde llegó el modelo que todo el mundo reconoce: el *Routemaster*. Se introdujo en la década de 1950 y combinaba un diseño práctico con mucha presencia. Destacaba por su plataforma trasera abierta, su revisor a bordo y su inconfundible exterior rojo. No fue el primer autobús de dos pisos, pero sí el definitivo.

Desde entonces, los autobuses han seguido evolucionando. Han funcionado con caballos, electricidad, gasolina, diésel e incluso hidrógeno. Los diseños han cambiado y el sistema se ha rediseñado varias veces. Sin embargo, la idea básica casi no ha cambiado desde 1829: te subes, llegas a tu destino y contemplas la ciudad durante el trayecto.

Como decía el excéntrico historiador londinense Ian Nairn, la mejor vista de la catedral de San Pablo se obtiene desde el piso de arriba de un autobús recorriendo Fleet Street. Así que, si puedes, pilla ese asiento delantero en la planta superior. Tendrás una perspectiva a vista de pájaro de esta peculiar y magnífica ciudad.

Los mejores free tours a pie y visitas de pago

© 2025 Walkative. Todos los derechos reservados.